Google+ La Gruta De Los Lienzos: Caspar David Friedrich (1774-1880)

domingo, 19 de octubre de 2008

Caspar David Friedrich (1774-1880)

Autorretrato de Caspar David Friedrich

Pintor y dibujante.

Procedencia: Greifswald, Pomerania Anterior.
Familia: Gustav Adolf Friedrich, su hijo.
Aprendizaje: Johann Gottfried Quistrop, en la Universidad de Greifswald; Nicolai Abildgaard, August Lorentzen y Jens Juel, en la Academia Real de Bellas Artes de Copenhague.
Técnica: Al principio, dibujos a pluma, con tinta china y acuarela y tinta sepia a partir de 1800. Luego, óleo sobre lienzo.
Escuela: RomanticismoRomanticismo Alemán.
Temas: Paisajes alegóricos.
Reconocimientos: Miembro externo de la Academia de Berlín. Miembro de la Academia de Dresde.

Autorretrato de Caspar David Friedrich.

Caspar David Friedrich (1774-1880) Pintor del Romanticismo Alemán del siglo XIX. Es conocido por sus paisajes alegóricos de su periodo medio que retrata pequeñas figuras contemplativas frente a cielos nocturnos, nieblas matinales, árboles marchitos o ruinas góticas. Es el pintor más significativo del paisajismo romántico alemán; junto con Turner y Constable hace del paisajes un género principal en el arte occidental.

Infancia. 

Caspar David Friedrich nace el 5 de septiembre de 1774, en el seno de una familia protestante, en la pequeña ciudad portuaria y universitaria de Greifswald, en la Pomerania anterior, región que permanece bajo el dominio de Suecia desde 1648 hasta 1815. Es el sexto de los nueve hijos de Adolf Gottlieb Friedrich, un fabricante de velas y jabones, y su esposa Sophie Dorothea Friedrich, de soltera Bechly.

Durante su infancia, Friedrich comprueba como la muerte se cebaba con su familia. Su madre muere en 1781. Su hermana Elisabeth muere en 1782, de viruela, y su hermana María lo hace en 1791, de tifus. Si bien, la pérdida que lo marca para siempre es la de su hermano Johann Christoffer, un año menor que él, acontecida en 1787; ese día Friedrich cae al agua al volcar la pequeña embarcación en la que navega, haciendo que su hermano salte tras él en un intento de salvarlo; Johann perece ante los ojos de Friedrich, que se culpará siempre de su muerte. Estas pérdidas en su infancia lleva a Friedrich a abordar intensamente en el tema de la muerte en su trabajo.

La cancela del cementerio

Estudios. 

Desde la muerte de su madre, en 1781, el ama de llaves se encarga de cuidar a los niños. Friedrich se cría en un ambiente de devota religiosidad luterana, acendrada por las lecturas diarias de textos religiosos que su padre realiza como parte de la formación de sus hijos. Además, la prosperidad del negocio permite a su padre contratar a un joven estudiante de teología como profesor particular. Este tutor privado enseña a Friedrich principalmente latín, literatura y música.

Hacia 1790, quizá ya en 1788, Friedrich recibe clases de Johann Gottfried Quistrop, profesor de Dibujo de la Universidad de Greifswald, quien probablemente le transfirió su entusiasmo por el paisaje de su tierra natal.

Con veinte años, en 1794, Friedrich se matricula en la Real Academia de Arte de Copenhague, una de las más avanzadas y liberales de Europa. Allí estudia dibujo de 1794 a 1796, siendo alumno de Nicolai Abildgaard y, sobre todo, de August Lorentzen y Jens Juel, uno de los pintores daneses más importantes del XVIII.

En 1798 regresa a Greifswald. En otoño de 1798 se traslada a Dresde, centro del movimiento romántico alemán, residiendo aquí el resto de su vida. En Dresde acaba su formación y entra en contacto con un círculo literario y artístico... Frecuenta sobre todo al pintor y diseñador Philipp Otto Runge, compañero en la Academia de Copenhague con el que se carteará muchos años, y a los literatos Ludwig Tieck y Novalis, formando con ellos el centro literario-artístico del romanticismo alemán.

Casas de labranza a los pies de un monte (1799)

Sus primeros dibujos, perfilados con precisión a lápiz o sepia, ya exploran los motivos recurrentes de su obra: playas de rocas, llanuras planas y desnudas, cadenas montañosas y árboles que se elevan hacia el cielo… Cada vez más, su obra refleja la respuesta emocional del artista frente a los escenarios naturales. En 1799 expone por primera vez en la Academia de Bellas Artes de Dresde, consistente en dibujos de paisajes.

Pasa la primavera de 1801 en Nuevo Brandeburgo y Greifswald y en verano visita la isla de Rügen, regresando a la zona en mayo de 1802. Puede que entre 1801 y 1802 tuviese lugar el intento de suicidio del que hablan sus contemporáneos. En estos viajes, Friedrich reúne una colección de esbozos con paisajes e imágenes a los que volverá una y otra vez.

El primer éxito de Friedrich data de 1805, cuando obtiene un premio compartido en un concurso artístico organizado por Goethe en Weimar, con dos paisajes dibujados en tinta sepia. Con motivo de este galardón, Caspar inicia una larga y difícil amistad con Goethe que terminaría en 1815 con la total enemistad en el terreno de la concepción artística.

En 1806 viaja a Greifswald y la Isla de Rügen. Es el año en el que Napoleón ocupa la mayoría de los territorios alemanes. Estos sucesos acentúan su postura antifrancesa. Es más, las derrotas alemanas le provocan una crisis nerviosa que lo anima a retirarse de la ciudad para reponerse.

Vista alrededor de Arkona, Rügen (hacia 1803)

Primeros óleos.

Friedrich madura en una época en la que la desilusión crece en toda la clase media europea, dando lugar a una nueva apreciación de la espiritualidad. Friedrich expresa a menudo este cambio de ideales a través de una revaluación de la naturaleza. Sus primeros óleos datan del 1807. Entre ellos está ‘La cruz de las montañas’ (1807), representativo de su estilo de madurez, y que rompe totalmente con la pintura religiosa tradicional.

Cruz en la montaña (1807-08)

‘La Cruz de las Montañas’ es paisaje casi en su totalidad, la figura de Cristo crucificado, vista desde atrás y recortada contra la puesta de sol en la montaña, se halla casi perdida en el escenario natural. Según los escritos del propio Friedrich, todos los elementos de la composición tienen carácter simbólico. Las montañas son una alegoría de la fe, los rayos del sol del atardecer simbolizan el final del mundo precristiano y los abetos representan la esperanza.

En 1809, el chambelán de la corte y crítico de arte Basilius von Ramdohr expresará en un artículo publicado en el "Zeitschrift für die Elegante Welt" su desagrado ante los conceptos subyacentes a la obra y su concepción del paisaje, el Arte y la pintura religiosa. Ante su crítica demoledora se alzaron las voces de numerosos amigos del artista, como Ferdinand Hartmann, Gerhard von Kügelgen, Christian August Semler y Johann Rühle von Liliestern.

En el mismo 1809, Friedrich repite su esquema revolucionario en ‘Monje en la orilla del mar’. Ambos lienzos generaron una dura crítica y también la adhesión entusiasta, por primera vez, de los literatos románticos, dada la capacidad de Friedrich de plasmar paisajes que expresan temores y emociones.

Monje a la orilla del mar

Éxito. 

En julio de 1810, Friedrich y el pintor Georg Friedrich Kersting viajan al «Riesengebirge», al sur de Dresde. Aquí realiza numerosos esbozos y apuntes que le servirán en obras futura. En otoño expone sus obras ‘Monje a la orilla del mar’ y ‘Las ruinas del monasterio de Eldena’ en la Academia Berlinesa, que lo hace miembro externo. Aquí comienzan sus años de mayor éxito.

En 1811 viaja al pie por las montañas del Harz junto al escultor Gottlieb Christian Kühn. En 1813 conoce al poeta, patriota y revolucionario Ernst Moritz Arndt, con quien va a cultivar una gran amistad.

Sobreviene luego el desastre francés en la campaña de Rusia y la liberación alemana. Aunque Friedrich no toma parte activa en la Guerra de Liberación (1812-1814), aunque sí contribuye a ellas económicamente. Si embargo, a partir de los años 1812–1814 Friedrich empieza a sustituir el tema patriótico por el simbolismo cristiano. Profundamente religioso, Friedrich pretende generar un sentimiento de religiosidad a través del paisaje.

Abadía en el robledal

Cuando las tropas francesas entran en Dresde en 1813, Friedrich se retira al Elbsandsteingebirge, retornando poco antes de su liberación. En 1814, Friedrich participa en una exposición que conmemoraba esta liberación, con su obra ‘El cazador en el bosque’, que representa a un cazador o coracero francés en un bosque nevado.

Friedrich frecuenta círculos de intelectuales liberal-republicanos, que apoyan los ideales nacionalistas, por lo que el Congreso de Viena (1814–1815) supone una gran frustración, pues significa la restauración del Antiguo Régimen bajo el liderazgo de Austria. Greifswald, ciudad natal de Friedrich, después de un breve intermedio danés, pasa a dominio prusiano. Si bien, el pintor conservará el resto de su vida la nacionalidad sueca.
 
Madurez. 
 
Entre 1815 y 1816 Friedrich viaja por el Báltico. A la muerte de Adrian Zingg, en 1816, es nombrado miembro de la Academia de Dresde con un sueldo anual de 150 talentos.

En enero de 1818, con 44 años, Friedrich desposa a la joven Christiane Caroline Bommer, de 25 años. Tendrá con ella dos hijas y un hijo: Emma (1819), Agnes Adelheid (1823) y Gustav Adolf (1824). En su viaje de bodas viaja a Greifswald y Rügen. El viaje le inspira cuadros como ‘Los acantilados blancos de Rügen’ y ‘El caminante sobre el mar de nubes’. Su esposa posa para él en su obra ‘Mujer asomada a la ventana’ (1822).

Caminante sobre el mar del nubes (1818)

Aunque el movimiento patriótico alcanza su punto álgido con la fiesta de Wartburg (Wartburgfest) celebrada el 18 de octubre de 1817 en el Castillo de Wartburg, cerca de Eisenach, dicho acontecimiento sirve como justificación para instaurar medidas de represión de las fuerzas liberales, como los decretos de Karlsbad. Así que la nueva situación política posterior a las guerras napoleónicas tampoco agrada a Friedrich, lo que hace que su situación anímica empeore.

Mujer asomada a la ventana (1822)
 
Declive. 

A partir de 1820, Friedrich inmortaliza paisajes campestres, sin dejar las representaciones marinas. Este año viene marcado por una larga y profunda depresión, en la que Friedrich cae tras la muerte de su amigo el pintor Gerhard von Kügelgen, asesinado el 27 de marzo de 1820 mientras paseaba. El 21 de agosto la familia se traslada a la casa «An der Elbe 33» de Dresde, situada en el límite de la ciudad, a orillas del río Elba. Aquí observa a las embarcaciones que pasan lentamente por delante de su casa. Este año conoce también al al nazareno Overbeck. Sin embargo, sus preferencias siguen inclinándose hacia el arte del paisaje del noruego Dahl, que vive en Dresde desde 1818 y que se instala en la misma casa que Friedrich en 1823. Dahl y Friedrich celebrarán exposiciones conjuntas en 1824, 1826, 1829 y 1833.

El mar de hielo (hacia 1823-24)

Aún es un pintor bien considerado. De hecho, su obra goza un reconocimiento generalizado desde 1810 hasta los años 1820. Su obra empieza a caer en desgracia cuando sus descripciones contemplativas y de quietud empiezan a ser vistas como el producto de una época pasada. Sus contemporáneos empiezan a considerar que Friedrich está derivando hacia el misticismo. ‘El mar de hielo’ (1823–24), debido a su radicalismo compositivo y temático, ya no lo comprende nadie; es un cuadro que no conseguirá venderse en vida del autor.

En 1824, Friedrich se convierte en profesor, a tiempo parcial, en la Academia de Dresde. Desde su puesto, influye en la obra de los pintores románticos alemanes posteriores. Si bien, cuando en 1824 Klengel fallece, la Academia opta por dejar vacante la plaza de profesor titular y director de la clase de paisajismo. La postura política de Friedrich ha comenzado a resultar incómoda, siendo una de las causas de su declive.

Las tres edades (1834)

Este mismo año Friedrich padece una seria enfermedad de la que no sólo no se recupera, sino en la que recae en 1826; su gravedad lo lleva a una convalecencia en el balneario de Teplitz, en Bohemia. Es su último viaje a su patria. Al año siguiente puede volver a pintar, aunque, a consecuencia de la enfermedad, se percibe una tendencia a los paisajes de tipo melancólico, en especial invernales.
A su dificultades de salud se une el progresivo hundimiento de su popularidad; ahora predominan la Escuela de Düsseldorf, el historicismo, la religiosidad de los nazarenos y el arte burgués que va a desembocar en el Biedermeier. Friedrich, el paisajista amigo de reyes, príncipes e intelectuales, ve cómo su nombre va desapareciendo de los medios y como su clientela en la burguesía ilustrada no basta para sostenerlo económicamente.

La Sociedad Sajona de Arte recluta a Friedrich y compra varios cuadros durante los años treinta, a instancias de Carus. su protector, el escritor y consejero de Estado ruso Vassili Andreievich Shukowsky, logra incluso introducir algunas de sus obras en la corte de Rusia... Sin embargo, no evita la creciente penuria económica del pintor.

Paisaje con tumbas (1835-37)

En junio de 1835 sufre un ataque de apoplejía que lo deja inhábil. Durante seis semanas se retira al balneario de Teplitz. La mejora, leve, le permite dibujar; sin embargo, debe abandonar el óleo, que lo fatigaba en gran medida, a favor de la acuarela y la sepia. Estas acuarelas, dibujos y sepias a menudo se muestran en la exposición anual de la Academia de Dresde hasta 1838. En ellas, Friedrich representa túmulos, costas rocosas bajo la luna, ataúdes, ruinas y lejanas ciudades inalcanzables; sabedor de su muerte cercana, aislado y pobre, su autor medita sobre la vida pasada y futura.

Friedrich fallece en la más completa oscuridad el 7 de mayo de 1840 en Dresde, siendo sepultado tres días más tarde en el Cementerio de la Trinidad de dicha ciudad.

Obra. 

Friedrich es un pintor-filósofo, que cuenta entre sus amistades no sólo con pintores (Runge, Dahl, Kersting, Kügelgen, Ferdinand Hartmann, y Louise Seidler) y escultores (Christian Gottlieb Kühn), sino también poetas (Tieck, Heinrich von Kleist) e intelectuales como el filósofo y naturalista Gotthilf Heinrich Schubert.

Al principio, realiza dibujos a pluma, con tinta china y acuarela. A partir de 1800 comienza a utilizar la tinta de color sepia. Aunque se le atribuye un óleo en 1798 (Barco naufragado en el Océano Glacial), no generaliza el uso del óleo sobre lienzo hasta más tarde, empezando a aparecer en gran número a partir de 1807. En alguna ocasión utilizó el formato del retablo y empleó el oro, a la manera de los artistas medievales. Perteneciendo a la primera generación de artistas libres, no pinta por encargo, sino que crea obras para un mercado libre de galerías.

Dos hombres contemplando la luna

Alegoría paisajística. 

Su género preferido es el paisaje y, dentro de él, los temas montañosos y marinos.

La obra de Friedrich tiene precedentes en una larga tradición de pintores alemanes. Sin embargo, Friedrich renueva doblemente el género del paisaje:
  • Por un lado, introduce el realismo. A diferencia de paisajistas anteriores, Friedrich se inspira en los paisajes reales que conoce: Nuevo Brandeburgo, Rügen, Greifswald, Bohemia, las regiones del Harz y del Riesengebirge. Esto dota a su obra de un realismo hasta entonces inédito. Elige, además, nuevos puntos de vista, como las cimas de la montaña o las orillas del mar.
  • Por otro lado, introduce el simbolismo. Su intención es reflejar el alma de los sujetos, que suelen aparecer en el primer plano. 
Friedrich no sigue la tendencia artística italiana ni a los antiguos maestros. A su juicio, el arte debe mediar entre las dos obras de Dios, el hombre y la Naturaleza. Su paisajismo contiene, por tanto, un sentimiento metafísico: el primer plano y el fondo, separados a menudo por un abismo, se relacionan entre sí.

El paisaje de Friedrich es romántico: abundan escenas a la luz de la luna, espacios gélidos, noches, paisajes montañosos y agrestes. Una y otra vez aparecen elementos religiosos, como crucifijos o iglesias. Los colores fríos y ácidos, la iluminación clara y los contornos contrastados potencian los sentimientos de melancolía, aislamiento e impotencia humana frente a la fuerza inquietante de la naturaleza.

Cuando incluye elementos humanos, los inserta muchas veces en lugares sombríos, como cementerios o ruinas góticas. Son contemporáneos suyos, pertenecientes en general a la burguesía. Estas figuras, a partir de 1807, suelen aparecer de espaldas al espectador, ocultando la cara; en alguna de ellas se reconoce al propio Friedrich. Suelen estar ubicados en el centro en el cuadro, cubriendo el punto de fuga. Con este recurso, el artista señala que el «sentimiento», la auténtica humanización, se encuentra en la Naturaleza. Al mismo tiempo, esto permite que el espectador no se distraiga con la fisonomía de este personaje anónimo, sino que se identifique con él. Logra así una metáfora visual de la disolución del individuo en el «todo» cósmico.

'El Cementerio'; 'Salida de la luna a orillas del mar'; 'Ruinas del Monasterio de Eldena'.

Alegoría política.

Su lugar de nacimiento determina el pensamiento político de Friedrich: la política sueca suscita la simpatía del pintor, que considera a Suecia un país de libertades, un modelo a seguir. Si bien, como nacionalista, celebra el retorno de la Pomerania Anterior al conjunto de estados alemanes como parte de Prusia.

A menudo los cuadros de Friedrich muestran alegorías sobre la situación política de la época. Sobre todo en su primera época, sus cuadros muestran elementos simbólicos mediante los que que refleja su sentimiento patriótico y antinapoleónico al principio y el desencanto sobre la posterior restauración.
 
El mensaje político de sus cuadros es evidente para sus contemporáneos, que al principio demandan este tipo de obras. Sin ir más lejos, el rey prusiano adquiere varias pinturas suyas, como ‘Monje a la orilla del mar’ y ‘Abadía en el robledal’. Sin bien, tras la caída de Napoleón, la tendencia patriótica choca contra la política del Congreso de Viena, lo que acabará propiciando el rechazo de su obra, como ya hemos visto.

Puede citarse, a modo de ejemplo, el optimismo de la pintura ‘En el velero’ (1818), frente al desencanto de ‘El árbol solitario’ (1821), en el que un roble simboliza la Alemania dañada por la ocupación de los franceses. Sus cuadros posteriores adoptan tonos más oscuros.

Un elemento que constantemente aparece en sus cuadros con un significado político es el antiguo traje alemán, proscrito en 1819, considerado como expresión figurativa de las convicciones patrióticas. Muchos caballeros visten en las obras de Friedrich una levita abrochada hasta arriba, un ancho cuello por encima y un bonete en la cabeza, mientras que las señoras aparecen con vestidos largos y cerrados en el cuello. Esta moda se oponía al estilo imperio, considerada como francesa.

'El cazador en el bosque'; 'El árbol solitario'; 'El velero'.

Alegoría religiosa. 

Friedrich cultiva una metafísica de la luz, propia del cristianismo. Su dualidad aparece en sus paisajes: el cuerpo y el alma, lo terrenal y lo espiritual, generalmente representados por el primer plano donde están las personas (lo humano) y los planos posteriores, en los que aparece el paisaje en toda su grandeza (lo divino).

Algunos elementos que se repiten en sus obras tienen un claro simbolismo religioso:
  • El color violeta y el contraste entre la oscuridad (en la parte inferior o primer plano) y la claridad (en la parte superior representando el fondo). El violeta era, no sólo para Friedrich, el color del duelo y la melancolía.
  • La experiencia de la naturaleza en el mundo germánico. Para Friedrich era un acontecimiento religioso místico muy personal.
  • El camino de la vida de los humanos está representado a través de barcos que aún están en el mar, pero que se acercan al puerto, símbolo del logro o la muerte.
  • La base sobre la que se asientan los humanos a menudo es una roca de gran tamaño. Según Friedrich representa la fe, imperturbable y firme.
  • La nieve aparece como algo cercano a la muerte. El invierno, por preceder al renacimiento de la naturaleza, simboliza la idea cristiana de la resurrección.
  • Los abetos, en su cualidad de árboles perennes, eran entendidos, tanto por Friedrich como por sus contemporáneos, como una referencia a la eternidad, siendo así un símbolo de esperanza cristiana. 
'Mañana en Riesengebirge' o 'La cruz sobre la colina'; 'Salida de la luna sobre el mar'; 'Paisaje invernal con iglesia'.

Otras obras. 

Friedrich también hace bocetos de monumentos y esculturas para mausoleos, reflejo de su obsesión con la muerte y la vida después de esta.

Pinta también «cuadros transparentes», cuadros sobre papel transparente que se iluminaban en un salón oscuro con acompañamiento de música. Los cuatro que realizó entre 1830 y 1835 para el príncipe heredero Alejandro de Rusia se perdieron; pero en la Gemäldegalerie de Kassel se conservan dos cuadros pintados en papel transparente por ambas caras que, según cómo se iluminasen, uno es una escena diurna y otra nocturna.

Legado. 

El público general olvidará la obra de Friedrich en la segunda mitad del siglo XIX. Hacia 1860, Friedrich es redescubierto por pintores del Simbolismo por sus paisajes visionarios y alegóricos; el pintor suizo Arnold Böcklin (1827–1901), pionero del Simbolismo, resulta muy influido por su trabajo y Max Ernst y otros surrealistas lo consideran como el precursor de su movimiento. Su trabajo es, de alguna manera, el germen de lo que en el siglo XIX se llamará «paisajes íntimos».

El Siglo XX trae consigo una renovada apreciación de su obra, a partir de 1906, con una exposición de 32 de sus pinturas en Berlín. Para la década de 1920, sus pinturas son descubiertas por los expresionistas. En la década de 1930 y principios de 1940, los surrealistas y existencialistas toman con frecuencia ideas prestadas de su trabajo. El ascenso del nazismo en 1930 trae consigo el resurgimiento de la popularidad de Friedrich, que decae junto con el régimen debido a la errónea asociación de su nacionalismo con esta ideología. No es hasta finales de 1970 cuando Friedrich recupere su reputación como icono del romanticismo alemán y pintor de renombre mundial.

 
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4 comentarios:

  1. Hola, ola de mar..
    Siempre me ha encantado esa imagen, la del hombre sobre la niebla.., yo la relacionaba con Byron..
    Me pierdo en tus mares, Auxi, podría estar horas aprendiendo de tí..Debería dedicarte más tiempo..ays...
    Mil besos, gracias Aui
    Aire

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  2. Fíjate que yo también me imaginaba al romántico señor Byron dentro de ese sobrio vestido oscuro, asombrado ante el pedregoso e indomable paisaje... Qué cosa, no?

    Con respecto a esa preocupaciones tuyas te advierto ya que yo siempre estaré a tu alcance, por muy lento que navegues por mis mares. Ya lo dije una vez en algún poema muy muy lejano: me gusta avanzar deteniéndome. No exijo a los visitantes más de lo que me exigiría a mi misma...

    Además, aquí no hay reglas, ni relojes, ni metros, ni pesos, ni mapas, ni horarios, ni itinerarios, ni obligaciones y todas las brújulas funcionan como la del capitán Sparrow... Aquí la única norma que hay es la de ser libre...

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  3. Ese cuadro...es misterio, es vida, es el espiritu romantico personificado.

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  4. Si hay alguna imagen que defina el romanticismo es esta sin duda alguna.

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Te doy la bienvenida a mis mares.
Muchas gracias por verter en ellos tus palabras.