miércoles, 4 de abril de 2007

Cupido y Psiqué

Bouguereau -  El primer beso

Mitología: grecolatina.

Protagonistas: Cupido/Eros, Psiqué, Venus/Afrodita.
Personajes secundarios: el padre y las dos hermanas de Psiqué, Apolo (oráculo del Delfos), Céfiro, Caronte, Proserpina/Perséfone, Cancerbero, Mercurio/Hermes, Júpiter/Zeus.
Psinopsis: Herido por una de sus propias flechas, Cupido se prenda de Psiqué, a la que pretende conquistar sin dar a conocer su verdadera identidad divina. Sin embargo, Psiqué no logrará vencer su curiosidad, perdiendo así la confianza de su amado, la cual intentará recuperar a toda costa.

Este mito basado en el relato de Lucio Apuleyo, contenido en su libro "Metamorfosis" ("El Asno de Oro"), único texto que, aun siendo latino, recoge el mito griego de Cupido y Psiqué.

"El primer beso" de William Bouguereau


Había una vez un rey que tenía tres hermosas hijas entre las cuales la más joven de ellas, llamada Psiqué, era la más hermosa. De hecho, tal era su belleza, que su fama se extendió por todo el reino, atrayendo a multitud de visitantes deseosos de admirar y pregonar su hermosura, que era tanta que hubo quien comentó que haría palidecer a la propia Venus. No en vano, cuanto mayor era la admiración que Psiqué despertaba entre los hombres, menor atención se prestaba a los templos de Venus, que empezaron a evidenciar la falta de cuidado.
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Indignada por la situación, Venus solicitó ayuda de su hijo Cupido que, tras oír su historia, se mostró dispuesto a obedecerla. Venus pidió entonces a Cupido que bajara en busca de Psiqué e hiciera que se enamorase de la más vil criatura que poblase la tierra. Sin embargo, mientras la espiaba, el propio Cupido se hirió a sí mismo con una de sus saetas, quedando prendado de Psiqué en el acto. Así, aunque decidió ocultárselo a su madre, Cupido se dio cuenta enseguida que nunca podría causar daño alguno a aquella hermosa criatura.
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En tanto, el padre de Psiqué había casado ya a sus hijas mayores, a las que había desposado con sendos príncipes. En cambio, para Psiqué, aunque era mucho más hermosa, seguía sin encontrar marido. Muchos hombres había visitado su casa para ser testigo de su afamada belleza, pero ninguno le había propuesto matrimonio. Inquieto por la situación, el padre de Psiqué pidió ayuda al Oráculo de Delfos, cuya respuesta fue terrible: Apolo decretaba que Psiqué debía ser conducida a la cima de una colina, donde una terrible serpiente alada, más poderosa que los mismos dioses, la recogería y la convertiría en su esposa.
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Con terrible dolor, la familia obedeció el designio de los dioses y se despidieron de Psiqué abandonándole sobre una altísima colina, donde la joven consumió su espera llorando. Al caer la noche, el suave viento de Céfiro la acunó y la elevó. Al recobrar el sentido, Psiqué se encontró en un mullido prado al final del cual se alzaba un suntuoso castillo cubierto de oro y piedras preciosas. Segura de que se trataba del hogar de su futuro esposo, Psiqué se acercó a él y, al llegar a la puerta, oyó una voz que la invitaba a pasar. “Entra, pues todo el castillo es tuyo” le dijo.
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Psiqué se bañó en los estanques del castillo y se deleitó con los manjares del un banquete preparado en su honor. Todo el día lo pasó sola, acunada por una suave música de procedencia desconocida. Presentía que su futuro esposo llegaría al caer la noche. Sin embargo, Psiqué ya no tenía miedo.
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Sin explicarle por qué, su esposo le prohibe a Psiqué cualquier indagación sobre su identidad, acudiendo a ella sólo durante noche, en plena oscuridad. A pesar de todo, la pareja es feliz así, tanto que Psiqué acaba convenciéndose de que su esposo no era en absoluto el monstruo que el oráculo aseguraba. Sin embargo, Psiqué se preocupaba por sus hermanas, quienes lloraban por ella como si se la hubiese llevado la muerte, por lo que pidió permiso a su esposo para verlas. Él accedió a regañadientes, advirtiéndole que aquello podría causar su propia ruina; a cambio, le hizo una sola advertencia: que no se dejase convencer por nadie para intentara verlo.
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Psiqué así lo prometió y al día siguiente acudió a la cima de la colina, donde sus hermanas lloraban por ella. Desde allí, el suave viento de Céfiro condujo a las tres hermanas hasta el castillo de su esposo, donde las hermanas de Psiqué comprobaron la suntuosidad del castillo, oyeron la hermosa música y paladearon los exquisitos banquetes, lo cual despertó en ellas una gran envidia. Disimulando sus verdaderos sentimientos, sus hermanas pidieron a Psiqué que les describiese a su marido. Sin embargo, ella no pudo hacerlo, confesando al fin que aún no lo había visto. Entonces sus hermanas expusieron su temor de que el esposo de Psiqué ocultase algo horrible que lo obligase a poseerla sólo en la más cerrada oscuridad; ¿y si fuese en efecto aquella terrible serpiente que el oráculo había descrito y una de aquellas noches se abalanzase sobre ella para devorarla?
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Las hermanas de Psiqué le sugirieron que lo desenmascarase de una vez por todas. Para ello, Psiqué debía esconder junto al lecho una lámpara de aceite y un afilado cuchillo y, aguardando a que estuviese profundamente dormido, prender finalmente la luz e hincar el cuchillo en la horrible criatura.
Psiqué siguió las instrucciones de sus hermanas. Sin embargo, al encender la lámpara, Psiqué no descubrió a ningún monstruo, sino a un hermoso joven. Avergonzada por su dudas, Psiqué se acercó a su amado para admirar su belleza, derramando parte del aceite sobre su rostro. El joven despertó sobresaltado y, viendo la habitación iluminada, comprobó la desconfianza de Psiqué y se apartó de ella, dejándola sola en la habitación.
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Psiqué corrió tras él, pero su esposo se había vuelto de nuevo invisible. Por el contrario, aún podía oír su voz: “El Amor no puede vivir sin confianza” le dijo. Fue entonces cuando Psiqué descubrió la identidad de su marido, que no era otro que Cupido, el dios del Amor...
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Cupido regresó junto a su madre, para pedirle que curara las heridas provocadas por Psiqué. Pero  Venus montó en cólera al conocer lo sucedido y, dejando a su hijo solo sumido en su dolor, partió en busca de la muchacha para darle un escarmiento.
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En tanto, Psiqué rogaba ayuda a todos los dioses, pero en vano, pues ningún dios quería enemistarse con Venus. Entonces, Psiqué decidió acudir a la morada de Venus para de ponerse a su servicio, con la intención de redimir su comportamiento. Venus aceptó sin pensárselo dos veces, viendo la posibilidad de castigar a aquella muchacha vanidosa y presumida.
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Así Venus  llevó a Psiqué ante un montón de semillas y le encargó que las separara en diferentes montones: en uno las de mijo, en otro las trigo, en otro las de amapola... Psiqué se lamentó del minucioso trabajo, lo cual hizo que las pequeñas hormigas se compadeciesen de ella y la ayudasen en su labor. Así, cuando Venus regresó, encontró todas las semillas separadas, haciendo que se enfureciese aún más. Entonces Venus le dio un mendrugo de pan para que comiese y le ordenó que aquella noche durmiese en el suelo mientras que ella lo hacía en su mullida cama.
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Al día siguiente, Venus ordenó a Psiqué que descendiese hasta un río rodeado de zarzales, junto al que pastaban los corderos del vellocino de oro, y le trajese un puñado de su áurea lana. Psiqué obedeció, pero al llegar al río se sentía tan vencida que a punto estuvo de lanzarse a sus aguas para poner fin a su sufrimiento. Sin embargo, los rosales se compadecieron de ella y le aconsejaron que esperase a que los corderos bajasen a beber agua, pues siempre dejaban lana enganchada en los espinosos zarzales que ella podía recoger y entregar a VenusPsiqué obedeció y consiguió así un buen puñado de hilos de oro que llevó a la diosa, lo que la hizo enfurecer aún más.
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Entonces Venus  ordenó a Psiqué que fuese al río Estige para rellenar un frasco con sus ennegrecidas aguas. Solícita, Psiqué se encaminó al Estige y al llegar descubrió que el río estaba flanqueado de enormes piedras resbaladizas y que el agua se precipitaba por una abrupta pendiente imposible de alcanzar. Entonces un águila se compadeció una vez más de Psiqué, a la que arrebató el frasco de las manos y se lo devolvió lleno de la negra agua del río.
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Venus, que empezaba a sospechar que Psiqué hubiese contado con ayuda para superar sus encargos, entregó a Psiqué un cofre vacío y la envió al Hades en busca de Proserpina, a la que debía solicitar una porción de su belleza para Venus, que se sentía desgastada por el cuidado de las heridas de CupidoPsiqué obedeció y, siguiendo las instrucciones de una torre que halló en el camino, sorteó la laguna Estigia pagando una moneda al barquero Caronte y salvó la entrada al infierno sobornando con una golosina a Cancerbero, el perro de tres cabezas que la guarda. Proserpina accedió a su petición con facilidad y puso una porción de su belleza en el cofre para Venus. Luego Psiqué emprendió su camino de vuelta. Pero mientras caminaba hacia el palacio de VenusPsiqué sintió la tentación de usar una parte de la belleza que Proserpina había puesto en la caja, pues también ella se sentía ajada por tantas peripecias, y la abrió, descubriendo que estaba vacía y quedando sumida en un profundo sueño.
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En ese momento, Cupido, restablecido ya de sus heridas, huyó del palacio de Venus por una de las ventanas abiertas y acudió junto a su esposa, a la que le arrancó el sueño de los ojos con un beso. Le ordenó entonces a Psiqué que acabase su encargo y llevase el cofre a Venus mientras que él intentaba poner remedio a su terrible situación. Cupido acudió así ante Júpiter, padre de todos los dioses, para solicitar su ayuda. Júpiter convocó a todas las deidades para anunciarles que Cupido y Psiqué estaban oficialmente casados, proponiendo que Psiqué obtuviese la inmortalidad. Mercurio ascendió entonces a Psiqué hasta el Olimpo, donde el propio Júpiter le dio a beber la ambrosía que la convertiría en diosa, lo que impediría desde entonces que Venus volviese a cuestionarla.
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De esta forma, el Amor (Cupido) y el Alma (Psiqué) vencieron todas las pruebas que se interpusieron entre ellos para reencontrarse y no volverse a separar jamás.

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Más información: Puedes leer el libro “El Asno de Oro” de Apuleyo, en la web de Eduteka.
Fuentesel artículo “Cupido y Psiqué”, de la web REAel relato "Los Amores de Eros y Psiqué" de José María Ciordiael artículo “Cupid & Psyche” de Sharrell E. Gibson (en ARC) (en inglés); el artículo sobre Psiqué en Wikipedia Españael artículo sobre "la gota de aceite hirviendo" ("stilla olei ardentis") en Wikipedia España
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